El escritor Alexander Solzhenitsyn dice que la línea que separa el bien del mal está el corazón está en cada corazón humano. Eso quiere decir que la línea no está fuera y que cada uno decide qué lado escoger.

Sin embargo, el Dr. Philip Zimbardo, psicólogo e investigador del comportamiento humano admite que el sistema y el entorno afectan a nuestras decisiones y propone “el heroísmo como antídoto al mal“. El antídoto consiste en introducir el heroísmo en el sistema educativo, “que los niños vean que la mayoría de los héroes son gente normal y que el acto heroico es poco frecuente”.

La misma situación que pude despertar nuestro lado hostil y hacernos actuar mal, puede también despertar nuestro lado heroico y hacernos actuar bien. En la misma situación, podemos actuar de una forma o de otra.

Ilustración del holandés M.C. Escher
Angels & Devils, ilustración ilusionista del artista holandés M.C. Escher.

Para ilustrar esta ambigüedad, Philip Zimbardo comparte una ilusión del artista holandés M.C. Escher. En esta imagen, según cómo se mire, pueden verse ángeles o demonios y refleja la realidad en la que todos podemos ser ángeles o demonios, héroes o monstruos. De hecho, el propio Satanás antes de convertirse en demonio fue ángel, Lucifer, portador de luz.

“El mal es el ejercicio del poder”, asegura Zimbardo. En nuestro mundo, el sistema es el que tiene el poder y por eso “es el culpable de crear la situación que  corrompe a los individuos“, el trasfondo legal, político, económico y cultural. Como ejemplo, menciona a los abusos de prisioneros en Irak. El Ministro de los Estados Unidos dijo “quiero saber quién es responsable, quiénes son las manzanas podridas”.  Pero para Zimbardo esa pregunta no es la correcta, habría que preguntar “¿qué es responsable?” Porque ese “qué” podría ser el “quién” de dos personas, pero también el “qué” de la situación.

Habría que preguntarse  “¿Qué aporta la gente a la situación? ¿Qué saca la situación de ellos? Y ¿cuál es el sistema que crea y mantiene esa situación?” En su libro, The Lucifer Effect (El efecto Lucifer), el Dr. Zimbardo explica cómo entender qué la gente se vuelva “mala” con estas tres preguntas. Además, hace incapié en la infinita capacidad de la mente humana de hacernos compasivos o crueles, comprensivos o indiferentes, creativos o destructivos, héroes o monstruos.

Pero, por desgracia, parece más fácil convertirse en monstruo que en héroe…  Existen varios estudios, como el de Stanley Milgram o el propio Dr. Zimbardo en la cárcel de Standford que lo confirman. En el experimento de Milgram se puso a prueba a 1.000 personas normales, que fueron divididas en aprendices y maestros. Se les dijo que el objetivo de la investigación era mejorar la memoria y que el maestro, que debía aportar material para aprender, podría castigar al aprendiz si se equivocaba con descargas eléctricas. Al principio estas descargas eran de solo 15 voltios, ni siquiera lo notarían, pero las descargas irían subiendo de 15 en 15 hasta alcanzar los 450 voltios (a partir de los 375, ya pone “peligro descarga fuerte”). Aunque los psicólogos creyeron que solo el 1% llegaría a hacerlo, al final el 90% llegó a aplicar las descargas de 450 voltios.  ¿Por qué?

En el experimento de Milgram, los maestros no eran responsables. Si pasara algo, el experimentador decía que él mismo se haría cargo y que los maestros debían continuar, era “absolutamente esencial”…  Además, los maestros eran anónimos y ni siquiera estaban en la misma habitación que los aprendices.

El antropólogo John Watson analizó a los guerreros de 23 culturas, fijándose en si cambian o no su apariencia para luchar. Entre los que cambian su apariencia, el 90% mata, tortura o mutila. Sin embargo, si no cambian su apariencia, solo uno de cada ocho lo hace. “Es el poder del anonimato”.

Según el Dr. Zimbardo, estos  son los siete procesos sociales que llevan al mal:

  1. Dar el primer paso sin pensarlo mucho.
  2. Deshumanización de los demás.
  3. Desindividualización del ser.
  4. Difuminación de la responsabilidad personal.
  5. Obediencia ciega a la autoridad.
  6. Conformidad no crítica a las normas del grupo.
  7. Tolerancia neutral al mal a través de la pasividad o la indiferencia.

Philip Zimbardo termina su ponencia con el ejemplo de un héroe, un hombre normal que le salvó la vida otro porque consideró que hacía “lo que cualquiera podría hacer”.  Wesley Autrey, trabajador de la construcción afroamericano de 50 años, vio a un muchacho blanco caer a las vías del metro. Nadie hizo nada, la gente se quedó inmóvil y él rápidamente dio sus dos niños a un extraño para saltar a las vías, colocar al muchacho en el centro y tumbarse sobre él. “Wesley y el hombre: 20 pulgadas y media de alto. El tren pasa a 21 pulgadas de alto. Media pulgada (1,27cm) le habría cortado la cabeza”.

“Los héroes son gente normal cuyas acciones sociales son extraordinarias, que actúan”, dice Zimbardo. Por eso apoya la psicología del heroísmo, que consiste en animar a los niños para que desarrollen su imaginación heroica e incluso enseñarles a ir en contra de la conformidad. “La mayoría de la gente peca de pasividad”, porque de pequeños nos dicen “no te metas, tú a lo tuyo”, y, según este doctor, habría que decir: “la humanidad es lo mío.”

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