Antonio Pampliega fue uno de los tres españoles secuestrados por Al Qaeda durante 299 días en Siria, entre 2015 y 216. Durante los primeros tres meses, estuvieron juntos. Pero después lo confundieron con un espía y lo separaron de los demás. “Lo peor no fue el maltrato, sino estar solo”, asegura Antonio Pampliega cuando le preguntan.

Los tres eran periodistas freelance acostumbrados a trabajar en zonas de conflicto. Habían hecho viajes similares anteriormente, pero en esta ocasión una “inocente” foto del traductor que los acompañaba hizo que se convirtieran en el objetivo de sus secuestradores.

No obstante, durante los tres primeros meses, Pampliega asegura que el trato que recibían era bueno. Incluso, le mantenían al tanto de los resultados de la liga de fútbol y jugaban con él al ajedrez.

Pero una carta de un ex militar español, dirigida expresamente a él, hizo que las cosas cambiaran. El ex militar se identificaba como su mejor amigo y en una de las cartas Pampliega habló de una amiga enfermera (“nurse” en inglés, similar a Al Nusra, nombre del grupo que los tenía secuestrado). A partir de entonces, pasaron a considerarlo un espía y lo aislaron en una especie de celda, siempre solo.

Conforme iban pasando los días, las semanas, los meses… Este joven periodista iba perdiendo la esperanza. Un día pudo hacerse con unas cuchillas y pensó en quitarse la vida. “Y lo intentas, pero no lo terminas.” Durante los últimos cinco meses se preparaba cada día para morir. “Hablé todos los días a Dios, a Alá, a Buda, llámale como quieras…” y pedía por su familia. Pensaba especialmente en su hermana de 18 años, a quien le escribía cartas, fruto de las cuales ha publicado el libro En la Oscuridad. También pensaba en su madre, “el sentimiento de culpa” que explicó a Risto Mejido en su entrevista en Cuatro.

Por fin, 299 días después de su secuestro, con torturas y simulacro de decapitación incluido, llegó el día de su liberación. Pero, incluso ese día, pensaba que era su final: “iba hablando con Dios y le pedía que sea rápido, que no me duela”. También le preocupaba que su familia lo viera todo en una grabación, como lo vio la familia del periodista estadounidense James Wright Foley, degollado por los yihadistas en Siria en 2014. Por suerte ese día fue liberado junto a sus compañeros.

Ha pasado ya algo más de un año y, a pesar de la dura experiencia vivida, Antonio Pampliega a vuelto a su trabajo como periodista en zonas de conflicto, incluso ha vuelto a Siria. “No hay que tenerles miedo, es lo que quieren”, dice sobre los yihadistas, “es lo que quieren, rompernos nuestro modus vivendi”. Pero, al menos en su caso, no lo han conseguido.

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